Entre las leyes de la cataláctica temprana, ninguna alcanzó tanto renombre ni tanta aceptación como la ley “de la oferta y la demanda”. En el siglo XVII Barbon comenta con claridad lo que seguramente se venía observando desde mucho tiempo antes: que los precios tienden a moverse en el sentido adecuado para igualar las cantidades ofrecidas y demandadas (esto ya nos da un claro ejemplo del carácter empírico de la cataláctica temprana). Dos siglos más tarde, León Walras, uno de los primeros y principales exponentes de la cataláctica del siglo XX, purificará la ley de Barbon generalizándola bajo la forma de teoría de equilibrio general de los mercados. Satisface esa condición un conjunto de precios que igualan simultáneamente las cantidades ofrecidas y las demandadas de todas y cada una de las mercancías. Cuando ello se verifica, todos los agentes que desean cerrar trato a esos precios pueden hacerlo, y lo hacen, con la autorización del rematador. Puede ocurrir que un mercado esté en equilibrio mientras otros no lo estén; pero todo mercado estará necesariamente en equilibrio si los restantes mercados están en equilibrio. “El autor identificó los supuestos de la cataláctica mercantil y, ateniéndose estrictamente a ellos, la llevó a sus conclusiones lógicas necesarias, las cuales resultan, en sus propios términos, insostenibles”.
En conclusión, el patrón relevante entre la cataláctica temprana y la tardía es la materia de estudio y su alcance, ya que ambas se limitan al intercambio mercantil, sin profundizar en la etapa de la producción, ni mucho menos en la formación de los salarios. Ambas catalácticas podríamos decir que acreditan que los precios se determinan en función de la utilidad y la escasez relativa de los bienes, y es el juego de la oferta y la demanda el que finalmente establecerá el punto de equilibrio entre los precios y las cantidades.
Tenemos que tomar en consideración, que los mercados y la coyuntura de los siglos XIX y XX, donde los catalácticos tardíos formulan sus teorías, ya diferían bastante de los de la expansión comercial del siglo XV. La economía de la cataláctica temprana se caracterizaba por un Estado que se consideraba intervencionista, proteccionista y monopolista. Sus políticas centrales se basaban en la constante acumulación de metales preciosos, a través de la búsqueda de nuevas colonias para captar mercados donde poder introducir sus mercancías. Es crucial que a nivel agregado la balanza comercial de positivo, evitando así, la salida de metales preciosos. De esta forma, el monarca aumenta no sólo el poder económico, sino que también el político y el militar. Los marginalistas, dejan de lado las indicaciones y sugerencias de política económica, para formular teorías más abarcativas que se apliquen a cualquier economía de intercambio.
Quizás la ruptura que encontramos entre los catalácticos tempranos y los tardíos, es en la metodología y en la forma en que abordan a la economía cada unos de ellos. Un poco de esto ya se habló anteriormente, cuando decíamos que los mercantilistas formulaban sus teorías a través de lo meramente observable, utilizando la inducción y el sentido común como herramienta principal. Los catalácticos tempranos buscaban soluciones prácticas a la coyuntura de su época, basándose en lo empírico, en cambio, observamos un cambio radical si nos referimos a los tardíos, quienes formulan teorías más científicas, con conceptos más desarrollados y con un nivel matemático mucho más riguroso, el que le brinda mayor justificación a sus proposiciones.
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