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Se podría decir que Ricardo fue el heredero de las ideas de Smith, y esto hace que continúe con ciertas falencias y puntos débiles ya mencionados en Smith. La teoría del valor, es el mayor obstáculo con el cual se tropieza la Escuela Clásica. Es por eso que Ricardo elaborará una teoría en la que sostendrá que los valores de cambio son la suma de los salarios, el interés y la renta. Es justo este punto el blanco preferido de la crítica de Ricardo, que insiste en la vigencia de la ley del valor. Esto se puede observar claramente ya en las primeras líneas de su trabajo, donde afirma que “los bienes obtienen su valor en cambio de dos fuentes: de su escasez y la cantidad de trabajo requerida para obtenerlos”. Es elemental detenernos en la expresión “cantidad de trabajo requerida”. Smith hablaría de “trabajo contenido” en este caso y diría, en forma contraria, que es el “trabajo comandado” el que verdaderamente otorga el valor de cambio a una mercancía. Ricardo contradice esta visión y sostiene que este tipo de trabajo presenta muchas fluctuaciones que lo vuelven ineficiente para sostenerlo como fuente del valor; es solamente la cantidad de trabajo “cristalizada” en los bienes la que lo determina. Para reflejar sus ideas, Ricardo propone el siguiente ejemplo: si una pieza de paño tiene ahora el valor de dos piezas de lino (1P=2L) y si de aquí a 10 años el valor ordinario de una pieza de paño llegara a ser de 4 piezas de lino (1P=4L) podríamos concluir lógicamente que se requirió más trabajo para fabricar el paño o menos trabajo para fabricar el lino o bien una combinación de ambas.

Un elemento que mucho se relaciona con el debate de valor es el debate sobre los costos de producción.  De los mercantilistas, poco se puede encontrar de estudios de este tema pero todo lo contrario sucede con los marginalistas y los clásicos. Tanto Smith como Ricardo, al fracasar sus teorías de valor, desembocan sus estudios en una teoría similar de los costos de producción. A pesar de que Ricardo difería, tanto Smith como los ricardianos sostenían que los precios dependían de los costos de producción. 

Marx emprende su análisis desde la teoría del valor justamente donde los clásicos se vieron derrotados. Con mucha razón, este personaje argumenta que el valor parte del trabajo que contiene una mercancía, sin embargo, introduce el término trabajo social. El trabajo medido individualmente ya no tiene sentido en una economía de intercambio ni mucho menos en una capitalista. El trabajo es inexorablemente un término que tiene sentido sólo en una esfera social. El valor como cantidad de trabajo abstracto contenido en un bien, carece de forma objetiva. Sólo adquiere forma objetiva en la relación de cambio de unas mercancías con otras, o sea en el mercado. Por ende el carácter objetivo del valor no es un problema que tenga que resolver la matemática, sino que es materia del mercado.

En cuanto a la cuantificación del trabajo y su expresión en el valor de una mercancía, la teoría de Marx se asemeja mucho a la de los clásicos, diciendo que las mercancías que demoran el mismo tiempo en ser producidas contienen la misma magnitud de valor, siendo el tiempo la cuantificación del valor. Marx afirma que es sólo el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso lo que determina su magnitud de valor. La introducción del término “socialmente” es la clave en este pasaje.  Al ser la fuerza de trabajo un término global y social, el problema de saber cuánto trabajo le costó a cada persona una mercancía queda minimizado, dado que es todo parte de una gran esfera social.

Capitalismo Contemporáneo

Se podría decir que estamos en un momento histórico en donde los gobiernos y los economistas se concentran en tres variables principales: el crecimiento, el desempleo y la inflación. La idea de avalar, refutar o bien formular una ley de valor no está en la agenda de casi ningún economista ni mucho menos en la de los diferentes gobiernos. La sociedad capitalista actual ha llegado a un punto de madurez, que hace casi imposible la determinación del valor a través de una única ley que actúe sistemáticamente, dada la alta complejidad del sistema formado por individuos, organizaciones y estados. Actualmente lo que intentan hacer los gobiernos y los economistas es buscar soluciones a los problemas que presenta el capitalismo: la pobreza, el trabajo, la depreciación de la moneda, la fluctuación de los precios, etc.

Hasta ahora nos hemos abocado al valor que tienen los bienes reproducibles, pero poco sabemos del valor que tienen los bienes no reproducibles como bien puede ser un objeto manufacturado de hace siglos atrás, una construcción arquitectónica, una obra de arte. Entonces hay bienes que para un momento histórico poseen un valor dado, pero luego, con el paso del tiempo, este valor se ve transformado debido al que el bien ya no puede ser reproducido de igual manera. Pero mucho menos sabemos del valor que generan las empresas y profesionales que prestan servicios. Nos encontramos con un valor totalmente volátil, de uso inmediato, y muchas veces con abundante participación de la tecnología y el capital y escasa intervención del hombre. Un ejemplo actual puede ser la Internet, es un servicio que a pesar de ser totalmente gratuito (ya que una vez que uno ingresó a la red puede visualizar la mayoría de la información que uno desea sin abonar completamente nada. Aclaro que no me estoy refiriendo a lo que uno paga a su servidor por acceder a Internet, aunque actualmente con la implementación de redes inalámbricas la conexión pasa a ser libre y gratuita en muchos lugares) genera valor. Nos encontramos con un claro ejemplo de la sociedad capitalista actual, el cual nos presenta enormes dificultades para asignarle valor. Si considerásemos al hombre como el único agente de la economía creador de valor (Marx), probablemente le asignaríamos muy poco valor o bien ninguno a la Internet.

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